MAR EXTERIOR: EL OCCIDENTE ATLANTICO EN EPOCA ROMANA

¿Existe una cultura romana atlántica, con personalidad propia frente a los modelos de la romanidad mediterránea?

Las investigaciones arqueológicas de los últimos años presentan una comunidad que se expresa a través de una cultura material plenamente romana pero que, sin embargo, ofrece rasgos propios diferenciados. Esa comunidad presenta vocación costera y se abre a los intercambios ofrecidos por la navegación, contando con puertos destacados como Londres, Burdeos e Irún. Los asentamientos del litoral son el centro de convergencia de rutas comerciales que no sólo exportan los productos llegados desde el interior, sino que extienden su área de influencia tierra adentro, haciendo llegar no sólo mercancías sino también estímulos culturales hasta lugares situados a lo largo de cuencas hidrográficas alejadas del Atlántico. Es el mare externum citado en la literatura como el alter ego del mar interior, el mare nostrum.


El puerto romano de Irun
Estos territorios atlánticos conocieron la colonización romana a partir del siglo I de nuestra era, transformando las estructuras de los pueblos indígenas de la edad del hierro. En época flavia se vieron inmersos en una etapa de esplendor y desarrollo que continuó hasta el siglo III. Con posterioridad a dichas fechas se observan manifestaciones de decadencia urbana y de cambios durante la etapa bajoimperial, para dar paso a las sacudidas y convulsiones de la Antigüedad tardía, no obstante hasta el siglo VIII se reconocen testimonios de navegación en estas aguas.

Las particularidades atlánticas se manifiestan en la cultura material: repertorios cerámicos de gran homogeneidad que repiten los tipos característicos, protagonismo de las construcciones de madera, testimonios de actividades pesqueras y de salazón, de siderurgia…y también se manifiestan en las peculiaridades de los registros arqueológicos, marcados por la entidad de los ambientes húmedos y de sus efectos de conservación sobre materiales orgánicos; muchos de los registros de semillas romanos proceden de estos entornos e igual ocurre con las muestras de calzado o de tejidos. Efectivamente, existe una arqueología romana atlántica que se desenvuelve en ese medio y que reúne una serie de referencias complementarias a las mediterráneas, incluyendo aportaciones metodológicas de interés.